Su Mejor Amigo

La pequeña tomó aliento y se deslizó con paso de bailarina hasta la buhardilla, un lugar encantado, al amparo de un ventanuco redondo por el que se accedía al mundo de los sueños.
Era de noche, una noche ataviada con un vaporoso vestido azul marino tejido de luz de luna y brumas.
La niña adoraba la buhardilla. Se trataba de un mundo aparte y personal, cubierto por el polvo dorado que los años le obsequiaban.
Objetos irreconocibles, juguetes de madera, fotografías en blanco y negro y viejos artilugios dignos de Julio Verne aparecían por doquier para que la pequeña hilara historias de misterio en torno a aquel lugar hechizado por el tiempo.
La buhardilla se convertía tan pronto en la cueva de Alí Babá y los Cuarenta Ladrones como en la alcoba de la rueca fatal para la Bella Durmiente. Podía transformarse en lo que la niñita anhelase. El único límite de todo aquello era su imaginación; en consecuencia, no existían límites.
Mas había un motivo mayor por el que escapaba todas las noches a su escondite secreto.
Ese motivo era su amigo, su Mejor Amigo, con mayúsculas.
Él la esperaba siempre con la devoción de un primer amor, en el más tentador de los silencios. Ella se acercaba hipnotizada, con respeto y le dedicaba caricias de infinita delicadeza.
Encendió la linterna para verle mejor.
Nunca había conocido a nadie igual.
No era como sus demás amigos.
No necesitaban articular palabra para entenderse. Era como si se conocieran de toda la vida. Él le había confesado todos sus secretos y ella los guardaba con la ferocidad de un Cancerbero.
Con él viajaba a islas desiertas atestadas de piratas, a catedrales góticas anegadas de secretos y ángeles, a bosques siniestros y fascinantes donde los unicornios campaban a sus anchas y los trasgos danzaban en torno a hogueras de fuego azul.
Juntos luchaban contra los villanos y espadachines, rescataban doncellas en apuros y desenterraban tesoros de reyes mayas. Habían recorrido el mundo entero.
De la mano habían llorado, habían reído, incluso habían muerto y se habían enamorado. Tantas veces…
Tantas, tantas veces…
La pequeña acarició el lomo de su mejor amigo: era un libro.
La pequeña se llamaba Cristina.

~ por Cristina Alonso en Julio 14, 2008.

Una respuesta to “Su Mejor Amigo”

  1. Que bonito relato!! me ha encantado! Te invito a que te pases por mi blog pues también escribo relatos además de poemas y reflexiones. Mi blog es: http:/linilla.wordpress.com/ y mis textos son los que aparecen firmados por mi nombre y apellidos Lina Ferre Marzo. Enhorabuena por tu blog. Te seguiré leyendo. Saludos!!

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